¿Qué sientes cuando tus pies dejan de tocar el suelo?
El miedo al agua no siempre nace del agua. A veces aparece cuando dejamos de sentirnos sostenidos. En este primer capítulo de Cuadernos DF, Belén Díaz Fabiero reflexiona sobre el miedo, la flotación y la confianza en el aprendizaje adulto.
Quizás tu cuerpo se pone rígido. Quizás empiezas a respirar más rápido. Quizás sientes que te vas a hundir, aunque estés en una piscina donde el agua apenas te llega al pecho.
“¿Y si no puedo volver a salir?”
Si alguna vez has sentido esto, quiero que sepas algo: no eres la única persona a la que le pasa.
En mis clases de natación para adultos en Valencia escucho esto constantemente. Personas que llegan queriendo aprender a nadar desde cero, pero que tienen miedo de meter la cabeza, de separarse del suelo o, simplemente, de dejar de sentir ese punto firme que les da seguridad.
Y con el tiempo descubrí algo muy interesante.
Muchas veces no tenemos miedo al agua. Tenemos miedo a dejar de sentirnos sostenidos.
Ahí empieza, para mí, uno de los aprendizajes más importantes de la natación.
Aprender a confiar en el agua.
Aprender a confiar en nuestro cuerpo.
Y aprender que quizás aquello que durante tanto tiempo nos dio miedo puede convertirse en un lugar de libertad.
¿Por qué tenemos miedo al agua?
El miedo es un mecanismo natural de protección. Aparece cuando nuestro cerebro interpreta que existe una amenaza y prepara al cuerpo para responder.
El problema aparece cuando ese miedo continúa incluso cuando ya no existe un peligro real, o cuando nuestra mente imagina algo que nunca ocurrió.
Y esto sucede muchísimo cuando hablamos del miedo al agua o miedo a nadar.
“No sé qué me pasa, pero cuando dejo de tocar el suelo siento que me voy a hundir y que no voy a poder salir.”
Estamos acostumbrados a tener los pies sobre una superficie firme. Sabemos dónde está el suelo y sentimos que tenemos el control.
Pero cuando entramos al agua, esa referencia desaparece.
Y entonces aparece el vacío.
Lo interesante es que justamente ahí empieza uno de los grandes aprendizajes cuando queremos superar el miedo al agua: aprender a confiar en que el agua puede sostenernos.
¿Por qué podemos flotar?
Para entender por qué podemos flotar, tenemos que hablar un poco de física.
El agua tiene una densidad aproximada de 1 kg por litro. Cuando nuestro cuerpo entra en ella, desplaza una determinada cantidad de agua y recibe una fuerza hacia arriba llamada empuje, explicada por el principio de Arquímedes.
Por eso, la flotación no depende de que hagamos fuerza constantemente para mantenernos arriba.
Nuestro cuerpo y el agua están interactuando todo el tiempo.
Además, cada cuerpo es diferente. La cantidad de grasa, músculo, hueso y, especialmente, el aire que tenemos en los pulmones influye en nuestra flotabilidad.
Por eso algunas personas sienten que flotan con mucha facilidad y otras necesitan más tiempo para descubrir cómo hacerlo.
La respiración también influye en nuestra flotación.
Cuando inhalamos, aumentamos el volumen de aire dentro de los pulmones y podemos favorecer nuestra flotabilidad. Cuando exhalamos, ese volumen disminuye.
Pero hay algo todavía más importante.
Cuando tenemos miedo, tendemos a tensionarnos y a luchar contra el agua.
Y aprender a nadar también implica aprender a soltar progresivamente esa resistencia.
No significa perder el control.
Significa empezar a confiar.
3 cosas que puedes empezar a hacer para superar el miedo al agua
Si estás pensando en aprender a nadar de adulto y el miedo todavía te frena, estos pueden ser tres primeros pasos.
Trabaja tu respiración
Aprende a inhalar fuera del agua y a exhalar dentro de ella.
No busques hacerlo perfecto. Busca que tu cuerpo empiece a entender que puede respirar y estar tranquilo dentro del agua.
Escribe qué es exactamente lo que te genera miedo
- ¿Qué creo que va a pasar si dejo de tocar el suelo?
- ¿Tengo miedo a hundirme?
- ¿A no poder respirar?
- ¿A perder el control?
- ¿A no poder volver a salir?
Escribirlo te permite observar esos pensamientos en lugar de dejar que ellos decidan por ti.
Aprende acompañado
No tienes que enfrentarte al miedo solo.
El acompañamiento profesional puede ayudarte a avanzar de manera progresiva, respetando tus tiempos y construyendo seguridad paso a paso.
Necesitas empezar donde hoy estás.
El agua no tiene un problema contigo.
Esta es una de las cosas que más me gusta transmitir a mis alumnos.
El agua no te juzga.
No sabe si tienes miedo.
No sabe si nunca aprendiste a nadar.
No sabe si hoy te sientes inseguro.
El agua simplemente responde a sus propias leyes físicas.
Y tu cuerpo también.
Lo que tenemos que aprender es a relacionarnos con ese medio y, poco a poco, confiar en él.
Quizás hoy el agua te genera miedo.
Quizás hace años que evitas una piscina.
Quizás nunca aprendiste a nadar.
Pero eso no significa que tenga que ser así para siempre.
Aprender a nadar puede cambiar mucho más que tu relación con el agua.
Puede darte confianza, autonomía, seguridad y libertad.
Y quizás todo empiece con algo tan sencillo como respirar, soltar un poco y descubrir:
“Sí, yo también puedo.”
Belén Díaz Fabiero
Swim Coach Profesional
DF SWIMMING™ Valencia
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